¿A quién incluiste en tu ofrenda? Día de muertos y espiritualidad

Los que ya no están con nosotros, “nuestros muertos” nos enseñan grandes lecciones con su partida. Al final, en ese último viaje, nos llevamos únicamente la calidad de nuestra mente-corazón. Dejamos casas, autos, colecciones, seres queridos… dejamos todo.

La ciencia dice que nunca desaparecemos. Que nuestra energía se transforma y se une a la energía de todo el universo, en forma de tierra, aliento o cenizas.

Somos polvo de estrellas.

Pero es un hecho que nuestra identidad, nuestro “yo” tan sólido como lo concebimos desaparece por completo. Ese yo que le gustaba el yoga, las quesadillas y jugar con sus gatos en domingo. Ese “yo” que amaba la playa, las series de netflix y coleccionar plantas.

Nada permanece. Ese “yo” no volverá nunca.

Aún así, dejamos algo.

Dejamos nuestro recuerdo en los seres que nos amaron. Y en los que no. Dejamos nuestra huella por el mundo en el cual vivimos. ¿Qué clase de huella dejarías si te vas ahora? ¿Tu presencia fue de beneficio para más personas? O lo fue sólo para tí, y para unos cuantos.

¿Qué clase de recuerdos quieres dejar en este mundo? La muerte de una persona es un encuentro comunitario. Los que se quedan, recuerdan.

Pero el paso final, se atraviesa en soledad. No hay manera de morir en equipo, y ante ese último viaje, todo lo vivido se vuelve una ilusión.

¿Cómo atravesarás esa ilusión final?

Cultivar un corazón bondadoso, entrenar a nuestra mente para atravesar ese viaje ineludible con armonía, desapego y en paz.

Lo último que quisiera cualquier persona es morir con culpas, arrepentimientos de no haber viajado-vivido-amado-disfrutado. O con demasiados odios a cuestas.

La meditación y practicar un camino espiritual son una maravillosa herramienta para vivir y morir en paz.

No es para todos el camino espiritual. Muchos no se sienten cómodos o no le encuentran sentido. La ciencia no ha comprobado la existencia de una vida posterior, un cielo, o un Mictlán. Otros, sin embargo, encuentran en la espiritualidad un re-significado de nuestras vidas. Para mí, significa la diferencia entre vivir con propósito a vivir en automático.

En el Budismo, una de las meditaciones y conceptos clave es la impermanencia. Idealmente, meditamos todos los días acerca de nuestra muerte, para dar a nuestra vida un sentido de urgencia. Urgencia para transformar nuestra mente, urgencia para vivir presentes.

Porque no sabemos cómo ni cuando, vamos a morir, nos dijo muchísimas veces mi querido maestro Tony Karam.

Y tenía toda la razón.

Algunos hemos tenido la fortuna y dolor de ver partir a un ser querido. Al presenciar un momento tan mágico y profundo como este, no vuelves a ser la misma. No hay manera.

Es un momento de absoluta presencia. De brutal realidad y honestidad.

Vi nacer a mis hijos. Vi morir a mi padre. Y al amor de mi juventud, un gato gordo y amarillo. Y en todos esos instantes, la vida cobraba otro significado. Era presencia pura.

Nuestra vida suele ser un poco surrealista. Una interpretación constante del mundo. Pero los momentos de nacimiento y muerte de las personas, están cargados de un sentimiento de realidad, de presencia mental completamente abrumadores.

Es sensato y liberador voltear cada año a recordar esas identidades relativas que se fueron. A esos que amamos con locura, y que ya no están, o no de la misma forma, y a recordar nuestra frágil existencia. Llenaremos todo de cempasúchiles, calaveritas de azúcar y colores.

Nos disfrazamos y volteamos a agradecer.

No creo que le pongan ofrendas a alguien que no dejó una huella profunda de amor y presencia.

En casa, honramos en nuestra ofrenda a los maestros espirituales, y maestros de vida, que nos han enseñado tanto en este camino. 

Y tú, ¿A quién incluiste en tu ofrenda?

Mirabai Peralta.

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